Cuando cuidar a los demás nos hace olvidarnos de nosotros mismos
- Gloria Caballero

- 11 nov 2024
- 2 Min. de lectura

Vivimos en una era de "hiperproductividad", donde se nos exige no solo ser exitosos en el trabajo y en la vida personal, sino también ser los mejores cuidadores para nuestros seres queridos. Para muchos, el deber de cuidar a otros se convierte en el centro de la vida, y en medio de tantas responsabilidades, uno empieza a quedar en último lugar.
Es fácil olvidar que el agotamiento emocional es una realidad silenciosa. No siempre nos damos cuenta de cómo el cuidado constante de otros afecta nuestro bienestar, cómo el peso de las expectativas y responsabilidades puede volverse tan abrumador que se siente como si estuviera desdibujando quiénes somos. Muchas veces, el amor nos impulsa a darlo todo, pero olvidamos lo esencial: que para poder sostener a otros, primero necesitamos sostenernos a nosotros mismos.
Cuando nos enfocamos tanto en los demás, nuestros sueños, necesidades y deseos se apagan poco a poco. Nos volvemos maestros en resolver problemas ajenos, pero descuidamos los nuestros, y ese descuido nos cobra factura. ¿Cuántas veces te has sentido culpable por tomar un descanso o hacer algo solo para ti? Esa culpa es la barrera silenciosa que nos impide abrazar el autocuidado.
Hablar de autocuidado no es hablar de lujo o egoísmo; es hablar de supervivencia. Es un recordatorio de que merecemos un espacio para sanar, para escuchar nuestras propias necesidades y reconectar con nosotros mismos. Es la oportunidad de encontrar fuerzas para seguir siendo la mejor versión de nosotros mismos para quienes amamos, sin olvidar que, al final del día, también somos nuestros propios cuidadores.
A todos los que hoy se sienten desbordados, les dejo este mensaje: cuidarnos es un acto de amor profundo hacia nosotros mismos y hacia los demás. Un amor que, como cualquier otro, necesita tiempo, dedicación y comprensión.



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