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Apego Desorganizado

  • Foto del escritor: Gloria Caballero
    Gloria Caballero
  • 3 jun 2020
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 2 jul 2020

Durante la infancia, todos los niños y niñas son vulnerables y dependen directamente de los adultos más cercanos, quienes habitualmente suelen ser los padres.


El calor del abrazo de una madre, las caricias de un padre, las palabras de apoyo por haber hecho un bonito dibujo y otras acciones que pueden parecer nimiedades son fundamentales para el correcto desarrollo emocional del niño.


Sin embargo, lamentablemente, muchos niños son víctimas de malos tratos, que les marcarán de por vida y determinarán la relación que tendrán con sus cuidadores. Esto es común en quienes muestran apego desorganizado, un tipo de vínculo en el que están muy presentes la agresividad e inseguridad.


En estos casos, el bebé se ha criado en un entorno que le es muy hostil, en donde siempre hay agresividad en forma de malos tratos tanto físicos como psicológicos y, en ocasiones, también pueden haber abusos sexuales. Este tipo de experiencias, ya muy malas de por sí, son vividas de forma especialmente dura durante la infancia, produciendo un desequilibrio interno muy fuerte en el niño o niña.


Son varias las características propias de los niños que han desarrollado apego desorganizado. Manifiestan varios problemas a nivel emocional, y también es posible ver algún déficit psicomotor y cognitivo, como por ejemplo:


1. Conductas erráticas con los cuidadores

2. Miedo hacia los cuidadores

3. Miedo a explorar y fobias

4. Disociación

5. Hipervigilancia

6. Problemas cognitivos

7. Baja autoestima


Al llegar a la vida adulta, quien vivió una relación de apego desorganizado con sus cuidadores, manifiesta una serie de características que, en cierta manera, reflejan el tipo de vínculo que vivió en su infancia.


Son adultos quienes presentan serias dificultades a la hora de identificar las emociones y pensamientos de los demás. Pero no únicamente se sienten confundidos a la hora de entender lo que piensan los otros; ellos mismos no son capaces de comprender lo que piensan, además de tener una capacidad lingüística reducida y dificultades a la hora de entender ciertas ideas abstractas.


Como víctimas de maltrato que fueron, tienen muy arraigada la creencia de que eran malas personas y que siguen siéndolo, que se merecían esos actos de abuso físico y verbal y tienden a auto-lesionarse. Además, como en su infancia el ‘amor’ era manifestado en forma de violencia y agresividad, asumen que es algo normal en todas las relaciones humanas y que es legítimo comportarse así hacia quien se supone que se quiere, anticipando que van a ser agredidas tarde o temprano. Esto dificulta que establezcan relaciones íntimas sólidas.


Cuando se vive este tipo de situaciones, es común ver cómo el niño o niña no es respetado por sus cuidadores, viniendo a indicar que su opinión o deseos no deben ser siquiera escuchados. Esto se manifiesta en la vida adulta de forma en que la persona no es capaz de sentir respeto por los demás, ni entender sus límites, obligaciones o derechos como miembros de una sociedad, haciéndolos propensos a cometer más delitos.


Tienden a desarrollar ciertos trastornos, especialmente relacionados con la depresión y la ansiedad. También es posible encontrar personas con este tipo de apego adictas a drogas, dado que buscan en ellas la forma de hacer frente a los constantes malos recuerdos sobre su infancia.


 
 
 

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